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La dama ciega

 

 

 

 

 

 

 

Me llamo Aurora Torres y tengo cuatrocientos años.

Después de toda una mañana en el juzgado, el mundo parece tener una sola dirección: cuesta arriba. A pesar del cansancio y de tener los pies sucios del estiércol con que se abonan las audiencias... no puedo dejar de sentirme satisfecha: he conseguido que casi con toda seguridad absuelvan a un chaval acusado de violación

 

 

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