Mariposas en el cuarto oscuro

Colección Bárbaros | NovelesGuillermo Zetto, cumplidos los treinta y cuatro años de intrascendencia vital, ya no quiere ser registrador de la propiedad. Lo que en realidad conviene a sus nulas aspiraciones de futuro es limitarse a amar platónicamente a una muñeca neumática mientras despacha ferralla genital en un sex shop para una extravagante caterva de parroquianos: una vidente obesa, un viajante asténico, un juez de instrucción, un profesor de instituto con veleidades pederastas, un superior mexicano, un prostático mercader de repuestos automovilísticos o un anciano mendigo, preso de una desmedida glotonería cinéfila y masturbatoria. Sin embargo, tan modesta ambición se ve entorpecida continuamente por un severo progenitor jurista, por una familia lejana, tan tradicional como decadente, por un fetichista empecinado, por una ex novia de crispado genio, por una cuadrilla de jóvenes maleantes, por una red internacional de contrabando, e incluso por los diferentes cuerpos policiales de nuestra geografía, empeñados todos en que Guillermo, personaje demencial, encantador y enamorado, no debe ser como es; o que es como no debe ser.

 

 

Miquel Silvestre

Miquel Silvestre

Miquel Silvestre es entre otras cosas Licenciado en Derecho. Posee por tanto unos superficiales conocimientos jurídicos que le sirven para ganarse la vida y para rellenar de paja sus novelas cuando se queda sin ideas. También es un iconoclasta y un atrevido autorzuelo que sustituye con desvergonzada cara dura sus carencias educativas. Y lo que es más grave, le sale bastante bien el trueque tramposo. Escritor visceral desde los veintidós años, edad en la que salió del glorioso ejército español con mucha rabia, algunos vicios y un acendrado sentimiento existencialista, le daba por atestar sus cajones de residuos gráficos que consideraba ilegibles. Hasta que un día, cumplidos los treinta y tres, le dio por intentar publicar.

Extraído de Cuánto y por qué tanto

Writer's Museum de Dublín (La Nueva España)

 

Con menos de cuatro millones de habitantes, Irlanda tiene cuatro premios Nobel de Literatura y se teme que dé alguno más antes de que el calentamiento global sumerja Estocolmo. De clima insufrible, pobre y apartada del mundo, la joven nación ha fraguado una identidad sentimental de antihéroe histórico; a Dios gracias, cercenado de extravíos cursis a fuerza de su secular alcoholización.


Literatura y política, siempre juntas y revueltas. Varios líderes de la rebelión de 1916 fueron poetas, como Patrick Pearse, quien formaría parte del efímero Gobierno Provisional de la República. Su premio, ser fusilado en el patio de la Prisión de Kilmanheim y que los niños memoricen hoy sus poemas. Las cosas no han mejorado demasiado. Años después, el Nobel Seamus Haney, nacido en el Ulster, se negó a formar parte de una antología de autores británicos.

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