34. Qué leer. ENERO 2008
Puesto que el autor es registrador de la propiedad, no extraña que imagine un futuro en el que las grandes corporaciones se han merendado el poder político para suprimir los problemas que conllevan conceptos como patria, nación o Estado. En Spanya SA Cataluña ha sido engullida por el mar (y reconstruida en Soria). Madrid está habitada por residuos humanos y el País Vasco ha conseguido la independencia tras firmar un contrato de explotación con Sony-Warner. Pero es que, además, la Policía funciona por un sistema de franquicias, las competiciones deportivas exhiben las posibilidades del dopaje y los avances médicos pueden alargar la vida humana más allá de los trescientos años... aunque sólo a quien pueda pagárselo. Spanya lleva al extremo algunas de las tendencias más preocupantes del mundo actual: las desigualdades crecientes entre pobres y ricos, las consiguientes oleadas migratorias (en la novela los países ricos pagan para que los pobres recluyan a la población emigrantes en enormes campos de refugiados) y el difícil encaje de los nacionalismos en un mundo cada vez más globalizado. Sin embargo, y pese a las posibilidades de su muy coherente y estremecedora distopía, Silvestre rehúye toda tentación de trascendencia y prefiere cultivar un tono de parodia ciberpunk que puede descolocar a más de un lector, en parte por culpa de personajes tan poco sutiles como el marciano Nivel Hungo (¿lo pillan?), con su aspecto de escarabajo gigante, o el espía adicto al tabaco que transmite la información a su planeta a través de eyaculaciones.
Ana CAMALLONGA.