Artículos de Miquel Silvestre

Miquel Silvestre escribe artículos en El País, ABC, La Nueva España, entre otros medios, los cuales reproducimos aquí.

 

 

Artículos destacados

Salto en paracaídas (ABC)

Desde que me rompí el codo izquierdo en un accidente de motocicleta no había vuelto a saltar en paracaídas. Los aterrizajes requieren coordinación en los brazos y el mío estaba bastante inútil. Pero diez meses de inactividad son muchos para un paracaidista. El salto es como el toreo. He oído decir que los matadores, si dejan de torear varios meses, pierden la costumbre y su lugar lo ocupa el temor. Yo quería seguir lidiando nubes. Decidido a romper el maleficio del miedo, viajé recientemente a Ocaña para saltar a 4.000 metros de altitud. Mi interés por el paracaidismo comenzó en el servicio militar. Me tocó por sorteo la Brigada Paracaidista. A falta de suficientes vocaciones, la BRIPAC se nutría de desmotivados quintos de reemplazo como yo. No hice el curso. Para ser paracaidista debía firmar como profesional, con un compromiso de dieciocho meses. A mí ya me parecía suficiente con un año de privación de libertad.

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Un motero en la Toscana (El País)

Todos tenemos un destino mítico en algún lugar de la imaginación. Siempre he fantaseado con la Toscana italiana, donde se crían los vinos más nobles y los pueblos guardan ecos de genios renacentistas. Lo elegí viendo en DVD la entrevista que le hicieron para TVE a un viejo y todavía lúcido Josep Pla allá por 1976. El sabio ampurdanés habló de la Toscana como si de entre los paisajes del mundo sólo ése valiera la pena ser salvado.

El día de la fuga llegó el 14 de abril. Salí hacia Barcelona con la BMW GS 1200 para embarcar rumbo Civitavecchia (cerca de Roma). La navegación es cómoda. Al día siguiente llegamos a una Italia verdísima. Sigo la Via Aurelia en dirección a Pisa. Paro en Orbetello, pueblo entre dos lagunas al sur de la Toscana. En un bar pido espresso, focaccia (pan tipo pizza) y cerveza. Cinco euros. La comida reconforta y el viaje empieza bien.


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Miquel Silvestre

Miquel Silvestre

Miquel Silvestre es entre otras cosas Licenciado en Derecho. Posee por tanto unos superficiales conocimientos jurídicos que le sirven para ganarse la vida y para rellenar de paja sus novelas cuando se queda sin ideas. También es un iconoclasta y un atrevido autorzuelo que sustituye con desvergonzada cara dura sus carencias educativas. Y lo que es más grave, le sale bastante bien el trueque tramposo. Escritor visceral desde los veintidós años, edad en la que salió del glorioso ejército español con mucha rabia, algunos vicios y un acendrado sentimiento existencialista, le daba por atestar sus cajones de residuos gráficos que consideraba ilegibles. Hasta que un día, cumplidos los treinta y tres, le dio por intentar publicar.

Extraído de Cuánto y por qué tanto

Writer's Museum de Dublín (La Nueva España)

 

Con menos de cuatro millones de habitantes, Irlanda tiene cuatro premios Nobel de Literatura y se teme que dé alguno más antes de que el calentamiento global sumerja Estocolmo. De clima insufrible, pobre y apartada del mundo, la joven nación ha fraguado una identidad sentimental de antihéroe histórico; a Dios gracias, cercenado de extravíos cursis a fuerza de su secular alcoholización.


Literatura y política, siempre juntas y revueltas. Varios líderes de la rebelión de 1916 fueron poetas, como Patrick Pearse, quien formaría parte del efímero Gobierno Provisional de la República. Su premio, ser fusilado en el patio de la Prisión de Kilmanheim y que los niños memoricen hoy sus poemas. Las cosas no han mejorado demasiado. Años después, el Nobel Seamus Haney, nacido en el Ulster, se negó a formar parte de una antología de autores británicos.

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